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Mostrando entradas de febrero, 2016
6 de enero  ·  Para Yanay Te juro que te amo, pero no soy mas que un títere del destino con un alma temblorosa. cenizas, barro, colillas, Con un cien mil de angustias y dolores dándome en la sien. pero te juro que te amo, me amo obsoleta me amo bajo cero tibia. Me amo tibia. Y a ti, cariño. te amo tibia cuando enfermas y tu cuerpo tiembla cuando ríes cuando lloras y me enseñas esos cristales que mis ojos me niegan. Soy ofrenda, sacrificio un abrigo. Lo que quieras. Y grito, grito - Dios, Soy humana! no puedo vivir así, sintiendo que estoy haciendo todo mal. Yo te miro y siento este resquemor asfixiándome, soy como el resto soy un trapo absorbiendo el polvo. Yo también le temo a la muerte, cariño y lo había olvidado, había olvidado qué es perder, y peor aún... ¿qué es perderte? Jhulmir Enero 16
Pasar, reír y oír. Enamorarse de la insólita ventana del puerto, de esa sonrisa angosta como los valles donde entra tanta vida Como tórtolas en el fresno. Enamorarse y punto. Hasta rodar hacia el sesgo excesivo del amor, donde ni un nepente conhorta el olvido... Jhulmir Febrero 17
Para Carlos Yáñez Gil La felicidad es una ostra marina nacarada La sonrisa arenosa de una tortuga El cuerpo aferrado, amado y vigorizado: superación del endeble.  Y una mente sana y locuaz. Hasta un invierno de chocolate caliente y mantas Mientras los pies se abrasan en la estufa La felicidad es aquella boca en mi boca Los sueños de un vientecillo tórrido que entra por mi ventana en ascuas de diciembre. Es un símbolo de confraternidad entre doxas Es el amor de los seres izados en un globo aerostático La cimas de los andes, la mano única, la mano sacra: en mi pecho en mi frente o en mi rostro.

El sendero de las crónicas etéreas

Para  Max Orlando Pinedo Yahuana De pronto uno se enamora y pierde todo: La calma, la sensatez, la seguridad de ser un comodoro.  Se pierde todo. Las manos se amoldan a una forma célica que alborota el estomago La boca besa los cristales y se hace tierra, El cuerpo compadece ante otro cuerpo, y así enferma. Luego se extraña la piel, pero se sabe del alma. Hasta que uno clava la mirada en ese reflejo que el nimbo ufana. Te arrodillas, como un lacayo besando los pies del mundo, hasta reducir tu cuerpo a una suplica. Se pierde todo... la dignidad. Y cuando el amor se va, enloqueces buscando agrandar la palma de tu mano, mientras te haces asceta o impreciso y alborotado. Pasan los años y la mirada se cae, como el cuerpo y el cabello, luego levantas la vista y la ves. Sabes que no te olvidan, que eres un clavo crucificando hembras, -Y quisieras hacerlo todo bien- besar su cuerpo en algún hotel de carretera o simplemente darle de besos hasta el...